Pilates es una disciplina que tiene más de cien años, fue creada por el alemán Joseph Hubertus Pilates a mediados del siglo XX para superar sus problemas físicos de nacimiento.

Con un poco de yoga, gimnasia sueca y artes marciales por aquí y de ballet clásico por allá,  Pilates propone una forma de entrenar en la que mente y cuerpo están íntimamente ligados

El método se basa en el desarrollo de los músculos internos para mantener el equilibrio corporal y dar estabilidad y firmeza a la columna vertebral, por lo que es muy usado como terapia en rehabilitación y para prevenir o curar el dolor de espalda. 

Comenzamos liberando la tensión a través de la respiración. De esa forma, conectamos los tres ejes básicos de la postura neutra de Pilates: pélvico, escapular y columna vertebral.
La respiración debe estar ubicada en una especie de cilindro imaginario que dibujamos entre el pubis y el esternón. Así, cada vez que soltamos el aire por la boca cerramos las costillas, metemos el ombligo y conectamos con el suelo pélvico, apretando vagina, uretra y ano.

Una vez interiorizada esta técnica en estático, arrancaríamos la serie de ejercicios; al principio se trabaja la movilidad, sin demasiada resistencia, y se va de menos a más, dejando la parte que aumenta flexibilidad para el final.

Se busca el equilibrio: potenciar tejidos que, al estar tan profundos, apenas se movilizan, y flexibilizar los más acortados por un uso excesivo. Es como un sistema de cableado: sueltas lo que está tenso y tensas lo que está demasiado suelto. De esa forma el esqueleto se armoniza y recoloca